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Asesinato y secuestro en Santiago: el tour homicida de tres colombianos a bordo de un inDriver

La noche en el centro de Santiago a ratos es tierra de nadie. Al menos así lo refleja el tour homicida de tres colombianos a bordo de un inDriver. La Unidad de Investigación de BioBioChile accedió a...

La noche en el centro de Santiago a ratos es tierra de nadie. Al menos así lo refleja el tour homicida de tres colombianos a bordo de un inDriver. La Unidad de Investigación de BioBioChile accedió a antecedentes contenidos en la carpeta investigativa que reconstruyen el asesinato de Erika Arboleda. En su muerte confluyen un conductor secuestrado, casas baleadas y tres sospechosos libres.

 

 

Asesinato y secuestro en Santiago: el tour homicida de tres colombianos a bordo de un inDriver


—¡¡Somos unos malditos!!

Así terminó la noche de tres colombianos en Santiago arriba de un inDriver. Ebrios de euforia y alcohol, grabándose con armas en el asiento trasero del automóvil contratado para lo que en el papel se veía como una carrera más.

Sin embargo, de acuerdo a información recabada por la Unidad de Investigación de BioBioChile, su corto viaje lo hicieron con el conductor secuestrado. A ratos, con una arma apuntándole en la cabeza, y en otros, tomándole la mano amistosamente mientras usaban su celular para poner música.

Su periplo duró menos de dos horas. Si bien su noche fue corta, finalizó con tres viviendas baleadas y un homicidio: una mujer acribillada en su propia casa.

EL MOTIVO DEL VIAJE

Según declaraciones y antecedentes contenidos en el expediente judicial, los hechos se remontan al 10 de julio de 2022, cuando un conductor de inDriver recibió una solicitud de viaje a las 1:28 de la madrugada. Tenía que dirigirse hasta calle Domeyko en Santiago. Desde el otro lado de la pantalla, un tal Camilo figuraba como el futuro pasajero.

La aceptó y se dirigió rumbo a avenida España, justo en una calle sin salida. Al ingresar, un auto le hizo luces y pensó cancelar la solicitud. La situación no pintaba bien y sintió miedo. Pero dos hombres vestidos de negro, con la tez morena y altos, aparecieron caminando desde diferentes direcciones.

—Tranquilo hermano, somos buenos clientes ¿o acaso andas trabajando con miedo? —le dijo uno de ellos, de acuerdo a la investigación de fiscalía, mientras se subía como copiloto acompañado de una pareja que ocuparon los asientos traseros.

Con el auto puesto en marcha, le explicaron que el viaje sería de ida y vuelta. El objetivo era simple: solo necesitaban ir a buscar unas llaves a un departamento en San Ignacio de Loyola, en el centro de Santiago.

Dicho esto, manejó por el norte, dobló por Lord Cochrane y terminó la última vuelta en Franklin, por el poniente. Se estacionó y puso los intermitentes.

La mujer y el hombre que iban sentados atrás se bajaron y cruzaron la calle abrazados. El tercer sujeto se quedó en el auto y le exigió que apagara el motor y las luces. Distendidamente le conversaba de su familia mientras quemaba un cigarro.

Cinco minutos después, se escucharon tres disparos. Cuando el conductor le preguntó qué estaba pasando, vio que sacaba un arma plateada y le respondía que se quedara tranquilo, que aquí no había pasado nada.

Desde la vereda del frente la pareja corría en dirección al auto, también con una pistola en sus manos.

MUJER ACRIBILLADA

Esa misma madrugada, a las 1:50, Erika Arboleda, colombiana, estaba en su dormitorio con su conviviente; una casa de dos pisos en calle San Ignacio de Loyola. Escuchó que golpearon la puerta sin parar. Bajó para verificar quién era, pero cuando los identificó se negó a abrir la puerta.

Sin poder ingresar a la casa, comenzaron a disparar múltiples veces a través de la puerta. Dos balas impactaron en Erika. La mataron en minutos.


La declaración del policía de la Brigada de Homicidios de la PDI, Jaime Jara, confirmó que los responsables era la pareja de colombianos. Lo supo horas después, mediante otras diligencias investigativas.

TODO EN LAS MISMAS CALLES

La indagatoria de la policía civil apunta que los sujetos le exigieron al chofer que continuara el viaje después del asesinato y que diera una vuelta a la manzana, pasando por las mismas calles ya recorridas. Cuando otra vez pasaron por San Ignacio de Loyola, se detuvieron frente a una nueva casa y volvieron a disparar.

—Usted tranquilo. Si no hace lo que le decimos le robamos el auto y lo matamos aquí —sentenciaron al conductor, según información recopilada por el Ministerio Público. La advertencia vino acompañada de una segunda amenaza con una pistola apuntándole la cabeza.

El tercer ataque de la noche se dejó caer por la calle San Diego: se detuvieron frente a un cité y el tipo que iba de copiloto espetó:

—Ahora me toca a mí.

En esta última arremetida también forcejearon con una persona y volvieron a disparar. De acuerdo a la investigación, un primer disparo no salió de la pistola, mientras que en una segunda oportunidad sí lo consiguieron.

Las ofensivas contra las vivienda y la mujer baleada no conmovieron en lo más mínimo a los agresores. Por el contrario, iban totalmente felices. Se daban la mano entre ellos y también al conductor. Incluso usaron su celular para poner música y le decían que iba a estar con ellos en todo, apunta la carpeta investigativa.

Su intención era seguir disparando, pero fue la mujer quien los frenó. Arguyó que lo mejor era volver a casa y pidieron volver a su punto de partida.

“La mujer fue quien dijo que los llevara hasta Domeyko. Los de atrás llevaban una botella negra de la cual iban bebiendo (…) iban grabando videos mientras mostraban sus pistolas diciendo “somos unos malditos””, se lee en el expediente judicial.

Cuando se bajaron, a las 2:10 am, querían pagarle un millón de pesos al conductor, pero él solo les dijo que le pagaran la carrera: 16 mil pesos en efectivo por el susto de su vida.

Con la revisión de las cámaras de seguridad lograron identificar la dirección desde el punto de partida de los sujetos que cometieron un tour homicida, y así, saber dónde viven. Con esto, lograron hacer un allanamiento al domicilio de los responsables pero no encontraron nada que los inculpara.

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