ALMA en la primera observación de un disco extragaláctico

No obstante, para comprobar su presencia, era necesario medir el movimiento del gas denso que gira alrededor de la estrella, ya que la velocidad de aquel, vinculada a su proximidad al centro, es una prueba de la existencia de un disco. Esto fue posible gracias a las mediciones del ALMA.

“La frecuencia de la luz cambia dependiendo de la rapidez con la que el gas que emite la luz se acerca o se aleja de nosotros”, explicó el investigador Jonathan Henshaw, coautor del estudio, que comparó el fenómeno con el cambio en el tono de la sirena de una ambulancia que se aleja.

En la Vía Láctea, las estrellas masivas son difíciles de observar, pues los discos que se generan a su alrededor a menudo están formados por material polvoriento que las oscurece.

Por el contrario, en la Gran Nube de Magallanes el material de las nuevas estrellas tiene un menor contenido en polvo, lo que permite a los astrónomos una visión sin obstáculos de la formación de estrellas y planetas.

“Poder estudiar cómo se forman las estrellas a distancias tan increíbles y en una galaxia diferente es muy emocionante”, aseguró MacLeod.