19 de Octubre 2020

Quién es Axel Kaiser Barents von Hohenhagen. Axel Kaiser Barents von Hohenhagen.

Quién es Axel Kaiser Barents von Hohenhagen. Axel Kaiser Barents von Hohenhagen.

Axel Kaiser Barents von Hohenhagen es un abogado, filósofo, analista político, escritor, director ejecutivo de Fundación para el Progreso y columnista del Diario Financiero y El Mercurio en Chile.

Axel Kaiser

Director Ejecutivo Internacional de la Fundación para el Progreso. Abogado. Doktor der Philosophie por la Universidad de Heidelberg (Alemania). Profesor visitante en la Universidad de Stanford, California. Columnista de los diarios Financiero y El Mercurio. Autor de "El Chile que viene" (2007), “La fatal ignorancia” (2009), “La miseria del intervencionismo” (2012) y “La Tiranía de la Igualdad" (2015),"El Engaño Populista" (2016), "El Papa y el capitalismo" (2018).

Axel Kaiser es un abogado, filósofo, analista político, escritor, director ejecutivo de Fundación para el Progreso y columnista del Diario Financiero y El Mercurio en Chile

Quién es Axel Kaiser Barents von Hohenhagen. Axel Kaiser Barents von Hohenhagen.

Biografía: Axel Kaiser Barents

Realizó una licenciatura en Ciencias Jurídicas y Sociales en la Universidad Diego Portales. Tras su graduación, inició su trayectoria profesional como abogado de la Corte Suprema de Justicia de Chile e incursionó en el derecho corporativo en el estudio Caallo, Bizzarri & García en 2007, año en el que publicó su primer libro “El Chile que viene”. En 2008 obtuvo el grado de máster en Inversiones, Comercio y Arbitraje de la Universidad de Heidelberg en Alemania.

En 2009, Kaiser regresó al campo universitario como profesor de teoría política y política latinoamericana en la Universidad del Desarrollo y la Universidad de los Andes en Chile. Ese mismo año publica “La fatal ignorancia” y recibe una beca de la Universidad de Heidelberg para realizar una maestría en Estudios Americanos. Viaja a Alemania y se especializa en filosofía de los padres fundadores de Estados Unidos. Dos años más tarde se graduó con una tesis meritoria sobre el liberalismo, ganando el Book Prize del Heidelberg Center for American Studies. En 2011 fue reconocido como uno de los 100 jóvenes líderes de Chile por la red de líderes de la Universidad Adolfo Ibáñez.

En el año 2012 recibe nuevamente una beca, esta vez otorgada por la Fundación Nauman para cursar sus estudios de doctorado en la Universidad de Heidelberg, logra el grado Magna Cum Laude como Doctor en Filosofía en 2013. Año en el que es premiado en el concurso de ensayos Caminos de la Libertad por el grupo Salinas en México. En 2014, uno de sus ensayos sobre la teoría del progreso en el pensamiento es merecedor del primer lugar en el Hayek Essay Contest de la Mont Pelerin Society.

Es uno de los fundadores de la Fundación para el Progreso, centro del cual es director ejecutivo desde su creación en 2012. También se ha desempeñado como director de la cátedra F.A. Hayek de la Universidad Adolfo Ibáñez en Santiago de Chile, y como conferencista internacional de eventos académicos, empresariales y políticos en América Latina, Estados Unidos y Europa.

Obras: Axel Kaiser Barents

El Chile que viene (2007)
La fatal ignorancia: la anorexia cultural de la derecha frente al avance ideológico progresista (2009).
La miseria del intervencionismo. (2012)
La tiranía de la igualdad (2015).
El engaño populista (2016).
El papa y el capitalismo (2018)

Axel Kaiser: Director Ejecutivo Internacional de la Fundación para el Progreso. Abogado. Doktor der Philosophie por la Universidad de Heidelberg (Alemania).

Axel Kaiser: Ingenuidad Constitucional

 

No puede haber un mejor ejemplo de intoxicación intelectual que la embriaguez que han mostrado diversos académicos de izquierda y derecha con el debate constitucional actual. Por el lado de la izquierda se promete el fin a una serie de males que tienen su origen en el principio de escasez, la inevitable ley económica según la cual los recursos son escasos y las necesidades ilimitadas.

Para ellos, el modelo ‘neoliberal’ anclado en la Constitución es la razón por la que no hay mejores pensiones, mejor salud, mayores salarios, etc. En su delirio ideológico, ellos afirman que una nueva Constitución que ponga fin al ‘neoliberalismo’ y traiga de regreso al Estado omnipotente –el Dios al que le rinden inquebrantable culto– es el camino a una sociedad más próspera, justa e igualitaria. Por supuesto, detrás de esta pretensión se encuentra la búsqueda de rentas propias y, de paso, ejercer la venganza social que ha exigido su resentimiento desde Marx en adelante.

Más difíciles de entender son aquellos juristas e intelectuales de derecha que proponen, con una candidez pasmosa, una Constitución ‘mínima’, es decir, una breve hoja de ruta muy general que no establezca un modelo de sociedad predeterminado. Resulta evidente que estos intelectuales son ciegos a la realidad chilena y a las galaxias de diferencia cultural que existen con el mundo realmente desarrollado.

De partida, no consideran nuestra historia, pues si existen determinadas normas detalladas en la Constitución es porque su ausencia en las constituciones anteriores condujo a un desastre tras otro. El artículo que regula la expropiación, por ejemplo, fue evidentemente una reacción a los robos realizados por nuestra clase política a privados en los años 60 y 70. Pago al contado del total del daño efectivamente causado y toma de posesión previo pago de ese daño son algunas de las reglas constitucionales que buscan evitar los manotazos de nuestros populistas.

¿Pretenden acaso, en una Constitución mínima, dejar a nuestros legisladores determinar los criterios y forma de compensación de las expropiaciones? Las normas que garantizan la independencia del Banco Central y la prohibición de comprar deuda pública también se encuentran en la Constitución producto de la desastrosa historia inflacionaria en nuestro país.

El gran argumento que dan algunos de estos intelectuales en favor de una Constitución mínima es que lo verdaderamente democrático es que todo eso lo decida el Congreso. Pero olvidan que en Chile la democracia se terminó destruyendo, precisamente, porque esas cosas las podían decidir los parlamentarios.

¿También quieren dejar al FA, PS, PC, PPD, DC, sumados a sectores de derecha igual de demagógicos, el destino de la política monetaria? ¿Y la iniciativa exclusiva del Presidente en materia de seguridad social e impuestos? ¿O las reglas sobre concesiones mineras?

El gran argumento que dan algunos de estos intelectuales en favor de una Constitución mínima es que lo verdaderamente democrático es que todo eso lo decida el Congreso. Pero olvidan que en Chile la democracia se terminó destruyendo, precisamente, porque esas cosas las podían decidir los parlamentarios. Lo cierto es que limitar la democracia en esos y otros ámbitos buscó protegerla de repetir su abuso a manos de los demagogos y charlatanes devenidos en representantes populares que nos gobernaron.

Como esta lección no se ha aprendido en las nuevas generaciones, y ser ‘democrático’ sin considerar sus reales implicancias es visto como una prueba de santidad profesional entre juristas, entonces, estos bienintencionados académicos, encerrados en su mundo imaginario, están contribuyendo en una parte no menor a dañar o arruinar la misma democracia que pretenden defender.

Axel Kaiser: Llorarán el “neoliberalismo”

El dictador venezolano Nicolás Maduro admitió implícitamente hace poco que PDVSA, la empresa de petróleos venezolana, ha sido completamente destruida por el control que de ella ha hecho el socialismo chavista. No es para menos si se considera que —en sus tiempos ‘neoliberales’— esta llegó a producir 3,5 millones de barriles diarios, para desplomarse a apenas 700 mil hoy, a pesar de contar con las mayores reservas de petróleo del mundo. Los estragos del socialismo venezolano no se detienen ahí, por supuesto. Más de un 80% de la población viviendo en la pobreza, una contracción del PIB de un 70%, una de las tasas de homicidios más altas del mundo y la migración de más de 4 millones de personas son algunos de sus ‘logros’. Ahora, tras años de retórica en contra de la propiedad privada y a favor de que el Estado controle ‘los recursos del pueblo’, Maduro llama a los privados para que rescaten a la empresa más importante del país, saqueada por las huestes de izquierda que la administraron.

Y es que, cuando los socialistas afirman que algo será del Estado o del ‘pueblo’, en realidad lo que quieren decir es que será de ellos. Ya sabía Orwell que un verdadero socialista no puede serlo sin vivir con privilegios y lujos, hoy por hoy mansiones, primera clase, autos con choferes y vacaciones en el extranjero, pues todos esos son medios necesarios para llevar a cabo la revolución y defenderla de sus eternos enemigos.

“El denostado ‘neoliberalismo’ benefició a los más pobres más del doble que a los de mayores ingresos”.

De ahí que no exista prácticamente ningún solo caso en la historia de un líder socialista que no haya vivido en la opulencia. Ya sean Mao, Castro, Chávez, Allende, Stalin, Lenin u otro, todos ellos compartieron una afición por el lujo. En cambio, el malvado ‘neoliberalismo’ es realmente la fuerza que democratiza la riqueza. Cuando hace cinco décadas Venezuela se encontraba entre los países con mayor libertad económica de la región, era uno de los más prósperos. Chile, que con Allende siguió el camino chavista, pasó de ser uno de los países más miserables de la región, con casi un 60% de pobreza, al más avanzado. Solo entre 1990 y 2015 el ingreso del 25% más pobre creció un 439% versus un 208% para el 25% más rico. En otras palabras, el denostado ‘neoliberalismo’ benefició a los más pobres más del doble que a los de mayores ingresos.

La clase media, que en 1990 era de un 23% de la población, alcanzó un 57,8% en 2013, mientras los sectores vulnerables y pobres se redujeron de un 34,5% a un 25,8% y de un 38,6% a un 7,8%, respectivamente. El famoso índice Gini cayó fuertemente, de 0,57 a 0,46, situando a Chile cerca del promedio de América Latina en términos de desigualdad y mejor que países como Brasil, México, Costa Rica y Paraguay, entre otros mucho menos ‘neoliberales’, pero bastante más pobres y desiguales. Eso es sin considerar la desigualdad intergeneracional, que se ha reducido de manera tan dramática que, en términos de acceso a educación superior, alcanzamos ya niveles de países desarrollados.

“Un informe de la OCDE  de 2017 sitúa a Chile como el país con mayor movilidad social de toda la OCDE”.

Por si todo lo anterior fuera poco, un informe de la OCDE de 2017 sitúa a Chile como el país con mayor movilidad social de toda la OCDE. Esto significa que para un chileno del 25% más pobre es más fácil llegar al 25% más rico que para un alemán, un sueco, un estadounidense, un francés y así sucesivamente. El sistema de pensiones chileno, en tanto, se encuentra entre los diez mejores del mundo, según el prestigioso ranking de Melbourne Mercer, y se acusa de injusto a pesar de que el 70% de todo lo acumulado para los pensionados es rentabilidad de las AFP y no contribución de ellos. Y si de gasto social se trata, en los últimos treinta años este ha crecido 5,4% real per cápita anual, contra un 3,4% de crecimiento del ingreso. Es decir, el Estado ha avanzado a un ritmo más acelerado que el sector privado, no precisamente la receta ‘neoliberal.’ En moneda de hoy, el gasto por persona del Estado chileno ha pasado de 530.000 pesos anuales en 1990 a 2.500.000 pesos en 2019 y la gente se muestra más insatisfecha que nunca.

Y es que ese es parte del problema: un Estado capturado por grupos de interés y corrupción cada vez más galopante que parasita a quienes crean valor real para la sociedad. Por supuesto, nadie dice eso y tampoco que la productividad por hora promedio en Chile es la más baja de la OCDE —a excepción de México—, alcanzando 26,9 dólares, contra 50,50 dólares promedio en la organización. Países con los que nos gusta compararnos, como Noruega, tienen 82,7 dólares, Dinamarca 69,73 dólares, Francia 67,17 dólares, Suecia 60,54 dólares y así sucesivamente. Pero nada de esto importa, porque nuestros profetas del resentimiento nos han convencido de que si tenemos problemas no es porque nos falta muchísimo por avanzar o porque nuestro Estado está capturado —en parte por ellos mismos—, sino por el abuso y la desigualdad de los privados.

Por lo tanto —nos dicen—, debemos cambiar el modelo ‘neoliberal’ con una nueva Constitución, porque —claro— una nueva Constitución de seguro nos dará mejores pensiones, educación, mayores ingresos, empleo, salud, etc., todo ello sin importar el nivel de nuestra productividad, eficiencia estatal y desarrollo económico. Y así, guiados por una tropa de charlatanes, demagogos y algunos ingenuos, nos encaminamos a arruinar definitivamente, al más clásico estilo latinoamericano, lo que hemos construido hasta ahora y la única base que nos permitiría dar un nuevo salto de progreso. ¿Será que tendremos que hacerlo para terminar, como Maduro, pidiendo que vuelvan los ‘neoliberales’ a resolver la catástrofe estatista? Es de esperar que no, pero, así como vamos, no sería raro que en una década quienes lo denostaron, tanto a la izquierda como a la derecha, estén llorando el ‘neoliberalismo’.

 

Otras Obras Axel kaiser:

Autor de "El Chile que viene" (2007), “La fatal ignorancia” (2009), “La miseria del intervencionismo” (2012) y “La Tiranía de la Igualdad" (2015),"El Engaño Populista" (2016), "El Papa y el capitalismo" (2018).

 

 

Chile en la Encrucijada, Dr. Axel Kaiser 


Fuente: Noticias Importantes