30 de Mayo 2020

El avance de la pandemia: 1 de cada 500 chilenos ya se ha contagiado de coronavirus

El avance de la pandemia: 1 de cada 500 chilenos ya se ha contagiado de coronavirus

Según la información entregada, 1 de 500 chilenos está contagiado por Covid-19

19.107.216 habitantes: esa es la última proyección de población que realizó el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) para 2019, de acuerdo a los datos del Censo 2017. Y este viernes el total de contagiados se encumbró hasta los 39.542 casos, de modo que a la fecha al menos 1 de cada 500 chilenos ya contrajo Covid-19.

 

Las muertes también comenzaron a dispararse. Si bien nunca se habían superado los 13 decesos diarios, ayer jueves las muertes subieron 83,3% de un día para otro (de 12 a 22) y este viernes sencillamente escaló hasta los 26 fallecimientos en 24 horas, según el balance más reciente del Ministerio de Salud (Minsal). Respecto al total, los decesos subieron un 7,07% en un día, tras pasar de 368 a 394 durante esta jornada.

Mientras tanto, las tasas de letalidad muestran realidades disimiles. Con optimismo el Gobierno informa que alcanza el 1,1% a nivel nacional; sin embargo, mientras la RM registra un 0,8%, en Arica es de un 2,0%, en Ñuble y Valparaíso alcanza 2,2% e incluso escala aún más en Los Rios (2,4%), La Araucanía (2,6%) y Maule (3,1%).

Pero ese escenario no se generó instantáneamente. Durante febrero, algunos casos sospechosos comenzaron a encender las alarmas, aunque ninguno de ellos dio positivo y fueron descartados. Oficialmente, el primer caso en Chile fue confirmado el 3 de marzo: un médico de 33 años, de la región del Maule, que estuvo de luna de miel durante un mes en el sudeste asiático. Y con él cayó buena parte de su círculo familiar que tuvo contacto estrecho con él una vez que regresó al país.

Al día siguiente, el titular de Salud, Jaime Mañalich, ya entregaba proyecciones: “Si llegamos a tener 430 mil casos, estamos preparados. Si llegamos a tener un millón de casos, vamos a tener un grave problema".

Aunque lo cierto es que los informes epidemiológicos del Minsal revelaron más tarde que en realidad el virus arribó a Chile en febrero, semanas antes que el primer caso confirmado. En Calama, Independencia, Santiago (2), Ñuñoa, Vitacura, La Reina, Pudahuel, Puente Alto, San Bernardo, Linares, Talcahuano, Concepción, Lautaro y Punta Arenas (2) se registraron 16 pacientes positivos que evidenciaron los síntomas en la semana del 23 al 29 de ese mes.

Como sea, la autoridad declaró alerta sanitaria el 5 de febrero y el presidente Sebastián Piñera anunció Estado de Catástrofe a partir del 19 de marzo por 90 días (hasta el 16 de junio próximo), exactamente 16 días después de registrado el primer caso, mientras que en el intertanto se registraron grandes aglomeraciones, tal como la ocurrida el domingo 8 en Plaza Italia -y en las principales ciudades del país- con motivo del Día de la Mujer.

Como en el resto del mundo, en un inicio la emergencia fue subestimada e incluso abordada con incredulidad, pese a que las consecuencias de dicha actitud en Europa ya eran evidentes.

El sábado 21 de marzo Mañalich anunció el primer deceso en Chile: “Tenemos que lamentar el primer fallecido en Chile por Covid-19. Mujer de 83 años, postrada, en la que se optó por un manejo compasivo", detalló vía Twitter. Según se supo después, se infectó en un almuerzo familiar el 8 de marzo en Renca, y la contagió un funcionario ligado al foco que se registró al interior del Compin de la región Metropolitana. El responsable nunca salió del país y en esa fecha tampoco había ninguna restricción.

Días antes, a mediados de marzo, fue fijada la primera cuarentena comunal en Chile. Caleta Tortel fue sometida a confinamiento por 15 días luego que se confirmara el caso positivo de un pasajero británico que se atendió en Coyhaique por síntomas respiratorios. Abordo de un crucero, el turista había desembarcado previamente en la localidad y estuvo en contacto con varios miembros de la comunidad.

La medida fue levantada el 27 de marzo. Y surtió efecto, pues en ese periodo no se registraron nuevos casos e, incluso, por fortuna ninguno de las personas con las que el viajero tuvo contacto presentó síntomas. La región de Aysén en su totalidad mostró también un excelente control del virus, ya que el 3 de abril registraban apenas 7 contagios y luego pasaron más de un mes sin ningún caso nuevo. Recién el 7 de mayo sumaron el número 8 y hasta la fecha se mantienen estancados en esa cifra.

El forcejeo por la cuarentena total

No obstante, otras zonas del país no corrieron la misma suerte. Para el martes 17 de marzo, cuando en las calles recién se le empezó a tomar el peso a la pandemia y dejó de subestimarse su impacto a nivel local, en un gimnasio de Chillán se desató un brote de 24 contagiados que en ese momento agrupaba prácticamente a todos los casos de la región de Ñuble.

Dicho escenario abrió paso a que la autoridad decretara un cordón sanitario en esa capital regional el 22 de marzo y, ante la poca eficacia de esa medida, optaron por endurecer las restricciones mediante una cuarentena que se extendió hasta el 23 de abril.

Lo propio pasó en San Pedro de la Paz y Hualpén, que partieron cuarentena el 5 de abril tras un brote al interior de una iglesia evangélica en el sector de Boca Sur, el cual al mismo tiempo estaba vinculado al que se produjo en un Cesfam del sector La Floresta. Así permanecieron hasta el 16 de abril, aunque ambas siguieron bajo cordón sanitario por varios días más.

El 29 de marzo también se aplicó la cuarentena a Temuco y Padre Las Casas, mientras que el 1 de abril también se sumó Punta Arenas. Lo propio pasó entre el 26 de marzo y mediados de abril en el sector oriente de Santiago. Poco a poco los brotes en cada ciudad comenzaron a poner a prueba al sistema de salud.

"No podemos seguir hablándole a una pared, necesitamos tener una interlocución más directa (con el Minsal)" - Izkia Siches, presidenta del Colegio Médico.

Y pese a que el virus comenzó a expandirse por todo el país y los especialistas insistían en la necesidad de una cuarentena total, Mañalich insistió en su estrategia: las cuarentenas “dinámicas” y focalizadas en zonas con brotes. “Es algo que nadie está haciendo en el mundo”, aseguró en ese entonces.

A ello se sumó la mediática pugna por la suspensión de clases. Mientras el titular de salud y el de educación, Raúl Figueroa, se negaban a suspender las actividades en aula, los alcaldes presionaron hasta que el Gobierno cedió. En medio del complejo escenario, en el Gobierno enfatizaron que la paralizaciones de las actividades presenciales no eran vacaciones, por lo que comenzaron con clases a distancia. Y cuando dicha dinámica estaba empezando a tomar ritmo, La Moneda echó pie atrás: suspendieron las clases y adelantaron las vacaciones de invierno, pese a que inicialmente habían intentado dar la señal inversa.

En paralelo comenzaron a aflorar cuestionamientos a la transparencia del trabajo del Minsal. Nuevamente, ante la presión de los jefes comunales, se anunció la creación de una “Mesa Social Covid-19” con organizaciones sociales y gremios como el Colegio Médico. No obstante, las críticas siguieron, pues diversos sectores reclamaban -y siguen reclamando a la fecha- por la falta de data detallada que permita un adecuado análisis de académicos y expertos.

En respuesta surgió la “Mesa de Datos”, liderada por el ministro de Ciencia, Andrés Couve. “Aquí no hay ocultamiento de datos, lo que estamos haciendo es publicarlos de manera muy responsable y eficiente”, respondió el pasado martes ante las persistentes críticas y la abrupta salida de una de las instituciones que conformaba la instancia.

De la “nueva normalidad” al eventual colapso

El domingo 19 de abril fue el propio presidente Piñera quien comenzó a instalar el concepto. “La pandemia del coronavirus probablemente estará con nosotros hasta que se descubra una vacuna eficaz y masiva, lo cual podría tomar hasta 2 años (…) Nuestro país y nuestras vidas no volverán a la antigua normalidad por mucho tiempo. Tendremos que aprender a vivir en una nueva normalidad”, aseguró.

En tanto, el viernes 24 insistió en su punto: “Nos estamos preparando para la nueva normalidad, para el retorno seguro”.

El Gobierno confirmó en ese entonces la reapertura gradual de centros comerciales, el regreso de funcionarios públicos a sus puestos de trabajo y hasta deslizo la posibilidad de la clases, entre otras cosas. De hecho, Paula Daza, subsecretaria de Salud, afirmó incluso que la gente ya podía ir a tomar un café “con unos pocos amigos”.

Aquello fue de la mano con el relajamiento de las medidas de confinamiento. El mayor icono fue la reapertura del Mall Apumanque el jueves 30 de abril, donde incluso adultos mayores y niños hicieron fila para entrar. Aunque la medida fue revocada el día siguiente por el alcalde de Las Condes, Joaquín Lavín, particularmente porque al mismo tiempo el balance diario del Minsal arrojó por primera vez más de 1.000 casos nuevos en 24 horas.

Por otra parte, para los fines de semana largo de Semana Santa y Día del Trabajador la autoridad anunció cordones sanitarios para intentar evitar la salida masiva de la capital y del Gran Concepción. De todos modos, con salvoconducto en mano, para esas fechas se desplazó cerca de un tercio de los vehículos que se movilizaban en esas fechas. Incluso algunos empresarios, como José Manuel Urenda y Cristóbal Kaufmann, se saltaron la medida y viajaron a la costa en sus helicópteros. Aunque este último fue multado con 15 millones de pesos el lunes pasado a raíz del episodio.

En tanto, previo al primer despegue de los casos, el Minsal implementó una nueva modalidad y comenzó a distinguir casos asintomáticos, lo que generó un lío: en 24 horas cambiaron 3 veces el modo de contar casos confirmados. Primero dijeron que los iban a contar por separado, luego que ya estaban sumados en el total de los últimos tres días y finalmente admitió que había que sumarlos a los sintomáticos.

A la par, la implementación de la Ley de Protección del Empleo comenzó a generar inquietud entre los trabajadores, pues la situación empezó a generar suspensiones temporales de contratos y obligó a miles de empleados a cobrar los fondos de su seguro de cesantía. Un trámite para el que han debido ponerse en riesgo haciendo largas filas.

En tanto, grandes empresas se empezaron a sumar a la normativa para paliar la crisis, pese a que algunas de ellas -como Cencosud- realizó el reparto de utilidades a sus accionistas más allá del mínimo exigido por la ley. Una polémica que los obligó a desistir el jueves pasado y seguir pagando los sueldos a sus trabajadores.

Rápidamente empezaron a llegar las alertas sobre el eventual colapso del sistema. El martes, un estudio de la Universidad de Chile advirtió que el sistema de salud comenzará a verse sobrepasado en las 2 próximas semanas ante el creciente grado de ocupación de las camas de las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) de los hospitales. Y en el reporte de este viernes, el propio Gobierno admitió que a la fecha hay un 90% de ocupación de la red en la región Metropolitana.

Y si bien los casos diarios escalaron sobre los 1.000 desde inicios de mayo, el Minsal recién dejó de lado sus cuarentenas “dinámicas” el miércoles pasado, cuando la curva ya se había disparado por sobre los 2.500 casos nuevos cada 24 horas, razón por la que anunció para este viernes una cuarentena total en la Provincia de Santiago y algunas comunas aledañas como Colina, Puente Alto y San Bernardo.

Ayer jueves la presidenta del Colegio Médico, Izkia Siches, tras una reunión con el Gobierno, reclamó sin rodeos que el ministerio de Salud no estaba acogiendo las recomendaciones que han entregado los especialistas en la Mesa Social Covid-19. “No podemos seguir hablándole a una pared, necesitamos tener una interlocución más directa”, aseguró.

De paso, admitió que van a seguir creciendo los fallecidos: “La cuarentena no va a lograr detener una suerte de movimiento y de aumento de casos por lo menos hasta dos semanas más, si es que logramos cumplir con cavalidad este confinamiento“, subrayó.

Al mismo tiempo, en el Cementerio General de Santiago, en pleno corazón de la capital y el más grande de Chile, por iniciativa propia empezaron a cavar miles de tumbas para enfrentar un aumento de decesos por la pandemia. “Es posible que necesitemos más sepulturas, porque vemos lo que ha pasado en los países cercanos”, confirmó el director del camposanto, Rashid Saud, mientras en el Hospital San José comenzaron a evidenciar complicaciones en el manejo de los cadáveres, aunque descartando un colapso en la morgue.


Fuente: BioBio Chile